No hay mejores regalos que los que se hacen con infinito cariño… Y cuando llegan en un sobre, por sorpresa, y a traición, el regalo adquiere el estatus de elemento imprescindible.

Mi ELEFANTE ALCOHÓLICO se exhibe, conocedor de su encanto, en el recibidor de mi pisete, “agarrado” al pañuelo de bordar que heredé de mi abuela y que ahora luce, orgulloso, como cortina para ocultar el contador de la luz. Nuevos usos, idénticos afectos.

Muchísimas gracias a mi pendón cervecero, quien con este pequeño gran gesto me ha emocionado como nunca podríais imaginar… Porque lucir mi Elefante Alcohólico es un gran honor, el de sentirme parte de una “familia” de principios, honesta y de palabra.

GRACIAS.

Fotos by noemozica
About these ads