Si por una emoción muy fuerte se llegan a encender todos los cerillos que llevamos en nuestro interior de un solo golpe, se produce un resplandor tan fuerte que ilumina más allá de lo que podemos ver normalmente, y entonces ante nuestros ojos aparece un túnel esplendoroso y que muestra el camino que olvidamos al momento de nacer y que nos llama a reencontrar nuestro perdido origen divino. El alma desea reintegrarse al lugar de donde proviene, dejando el cuerpo inerte… Tita contuvo la emoción. Ella no quería morir.

Fragmento del libro “Como Agua para Chocolate”, de Laura Esquivel.

Imagen by noemozica (Cazorla, 2011)
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