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El collage nunca me había llamado demasiado la atención, por (perdón por lo que voy a soltar por esta boquita… PERDÓN) considerarlo un arte menor.
¡¡Ja!! Está claro que todos los días son de aprender, y de rectificar… Tras mi estancia en San Colorea, el verano pasado, y mi entrada en contacto con algunos cracks en el tema (Daniel Esteras, Willy Ollero, etc), ¡¡estoy flipadísima!! El tema Pinterest también ha ayudado, of course, y el flickr, y esta santa internet, a quien nunca le daré suficientemente las gracias por lo que tiene de accesible e internacional.
Mis últimos amores…
Julien Pacaud. O cómo ser psicodélico y rabiosamente contemporáneo sin morir en el intento.
Hollie Chastain. O cómo hacer que los colores más bonitos contrasten con el marrón más simple y las impresiones en blanco y negro más encantadoras.
Franz Falckenhaus. O cómo convertir las imágenes más inocentes en los collages más inquietantes del mundo.
Imágenes by Julien Pacaud, Hollie Chastain & Franz Falckenhaus
Hay veces que cuesta mucho escribir de algo, porque hay que dejarlo reposar, permitir que las emociones se recoloquen, que lo que has vivido hable por sí solo, que la euforia o la impresión del momento no emborronen la experiencia… Se trata de que lo que fue, sea, y respire, y siga su curso. Y, entonces, las palabras salen solas.
Mi estancia en San Colorea fue maravillosa y, a la vez, de una dureza inusual. San Colorea es como una Tela de Araña, que te atrapa. Meterse en una casa, en la sierra de Cazorla, rodeada de desconocidas durante 10 días es, cuanto menos, una experiencia de la hostia. Si añadimos en la ecuación a dos niños, dos señoras de edad considerable, artistas como la copa de un pino, olores penetrantes (tengo un problema ENORME con los olores, porque mi olfato está hipertrofiado y lo que a la gente le huele 1, a mí me huele 100), horas eternas de costura y de encuadernación, comida estupenda, un pueblo maravilloso, buena gente, muchas horas para pensar, una hamaca en el patio y heridas que todavía no habían cicatrizado, nos encontramos con que la experiencia de la hostia se convierte, casi casi, en experiencia vital.
Recuerdo con un amor absoluto la paciencia de Carolina Leveroni para enseñarnos a coser en el Taller de Costura, la sonrisa siempre en la boca de Paqui, las artes seductoras de Vicente, la alegría de María cuando la pinté de Princesa (que es lo que era, sin duda alguna), el amor incondicional de Rosa a sus hijos, las anécdotas de su madre, las cuestas interminables, el ritmo suave y pausado, pero siempre en marcha, de Luisa y Rosario, los dibujos de Paula Bonet (fui la única que me quedé sin… Quizás así tengo excusa para volver cuando esté ella
), las casas y los árboles de Ana Bustelo, la sensación de que la gente es buena y amable porque sí, el eye liner de Anna y su acento familiar, la calma que transmitía Rocío pese a ser un manojo de nervios, la rúcula del huerto, las manos de Javi, el impacto de los parecidos, las cervezas con su tapa, los encuentros inesperados, las risas de barbacoa, el baile del 15 de agosto, las botellitas de vino mano a mano, la satisfacción de ver la labor terminada, el quebrantahuesos, el gozo de pensar que el taller de encuadernación que impartí gustó y les será útil, y tantas otras impresiones, momentos y recuerdos que es imposible glosar.
Recuerdo con más amargura la sensación de soledad absoluta que me embargó por momentos (aunque en otros, la disfruté muchísimo), el sentimiento de no pertenencia, la sensación de ser pequeñita (no es fácil estar rodeada de tanto talento), el aislamiento, la caída en el río (qué guantazo me di, madremía), las vueltas a la cabeza, los pensamientos torcidos, las tiritas en el alma y la fragilidad del corazón…
Pero todo eso fue necesario para el renacer. Para llegar a Barcelona más fuerte, curada, libre de tiritas y de lágrimas en los ojos. Para tener, de nuevo, unas ganas de escribir irrefrenables, volver a colaborar con gente, ponerme a coser como si lo hubiese hecho siempre, dibujar cosas aunque no salgan bien, decir que sí a un proyectazo chulísimo que ya está en marcha, enfrentar amistades que se iban a pique, hablar con quien ya no duele hablar, y volver a ser YO.
(Si queréis saber mi experiencia en Cazorla, y ver fotos, podéis leer mi post aquí).
Imágenes by noemozica, San Colorea & Paula Bonet
La residencia de artistas y artesanos más genial del mundo abre sus puertas. Ya está en marcha el proceso de selección para los meses de Julio y Agosto… Yo de ti, me espabilaría, porque este año San Colorea (en Cazorla) se va a llenar en un abrir y cerrar de ojos…
Pero es que a ver, con este entorno, la oferta de cursos que hay, y el espacio que brinda para poner en marcha la creatividad y el buen rollo de quienes la pueblen, ¿quién no querría pasarse allí unos días?
Yo ya lo tengo claro, voy a ir. Y luego aprovecharé para irme de ruta por Andalucía, a conocer amigos virtuales y achuchar a mis malagueños preferidos. ^_^
¿¿Y tú?? ¿¿Qué vas a hacer este summer??
Cuando alguien tiene una idea buena, bonita y barata, yo no puedo hacer más que rendirme a sus pies y declararle amor incondicional… Bueno, eso, y dedicarle un post en este humilde blog… Oigan, que quien da lo que tiene, no está obligado a más, ¿no?
Pues allá va, mi debilidad del día se llama San colorea, el lugar en el mundo para los que hablan dibujando y haciendo manualidades.
San Colorea es el proyecto común de un ramillete de gente que AMA el arte y tiene como objetivo prioritari ser un punto de encuentro entre personas con inquietudes creativas comunes.
Si te apetece pasar unas vacaciones diferentes, te animo muchísimo a echarle un ojo a la web… Porque en San Colorea serán bien recibidos todos aquellos ilustradores y artesanos del mundo que deseen disfrutar de una especie de campamento de verano para mayores cargado de estímulos para la imaginación con las actividades que proponen a diario, además de un espacio rebosante de creatividad donde poder llevar a cabo sus proyectos personales y, quién sabe, quizás también comunes… Porque todos sabemos que una cosa lleva, indefectiblemente, a la otra… ^_^
Cuando pregunto a los responsables del proyecto qué les llevó a abrir las puertas de esta preciosa casa de la Sierra de Cazorla (Jaén) a los amantes de la creación, me responden que nos inspiraron todos los movimientos artísticos del pasado en los que la relación entre distintos artistas fue tan enriquecedora. Pensamos que las relaciones que se establezcan en San Colorea pueden ser el germen de proyectos interesantes en el futuro.
La idea es acercar el arte a lo rural y lo rural al arte, poniendo especial énfasis en lo artesanal y lo hecho a mano, en las piezas únicas y hechas con cariño, y para ello organizarán también talleres, encuentros con artistas locales, exposiciones…
Animarse, ¡¡que mola!!
Imágenes de San Colorea.
























