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Reajustar la rutina, los actos cotidianos, el día a día, aquello que haces sin pensar. Reajustar los sentimientos. Reajustar el presente, y el pasado. Volver a funcionar. No querer. Actuar como la quinceañera que no fuiste en los treintaypico que una tiene. Vivir.
Intentar desesperadamente que el café tenga el mismo sabor, que los paseos te devuelvan la misma tranquilidad. Que lo que ya no es, sea.
Abrazos que no volverás a dar.
Toda una vida a la que renunciar. Toda otra por vivir. Porque llega un momento en que tenemos que renunciar a esa vida que teníamos pensada para dedicarnos a vivir la que está pasando en realidad…
Imagen by noemozica
2011 no va quedar en mi memoria como aquél año memorable en que cumplí 30 años. Por suerte, y gracias a estos últimos meses, tampoco será aquél año de mierda en que mi vida fue una porquería. Al final, ha habido de cal y de arena, así que daré gracias por haberlo vivido, haberlo sobrevivido y haber caído de pie sobre las cuatro patas… ¡¡Y a por el 2012, que ya había ganas!!
Aquí un resumen, totalmente improvisado e informal, de lo que ha dado de sí “el año que fue”:
En 2011 tuve una fiesta de cumple mítica. Estuvisteis casi todos los que soñaba con que estuviéseis, y de verdad que os lo agradezco y que me hizo muchísima ilusión.
En 2011 me enamoré, como sólo puede enamorarse una persona: como una tonta. Después de tres años, creí encontrarte. Aunque duró poco, dos meses de amor son más que ninguno, así que me alegro infinitamente de que pasase.
En 2011 se casaron tres amigas, y fue muy bonito. Infinitamente bonito. Y además, me llevé un ramo para casa, la emoción de que N. me lo entregase, una juerga en Rubielos como las de antes, una visita de las de no olvidar a Santiago de Compostela, muchos gin&tonics en el cuerpo y emociones para parar un tren.
En 2011 eché mocos como hacía años que no había echado. Mocos de desamor y mocos por gente a quien la enfermedad no los respetó, mocos de emoción, y mocos de constipados encadenados que parecían perseguirme. Demasiados mocos, no os lo recomiendo.
En 2011 me pegué un viajecito por el sur que me hizo recuperar las ganas de hacer cosas y de no parar.
En 2011 me he dejado a un puñado de amigos en el camino que jamás creí perder, y que en el fondo de mi corazoncito espero que algún día puedan volver a formar parte de una vida que, siendo totalmente sincera, no es tan mía sin ellos alrededor.
En 2011, para compensar, he conocido a un puñado de gente maravillosa a quienes jamás soñé encontrar… En Bcn, en Málaga, en Granada, en Cazorla, en Berga, en Mdr, en L’Hospitalet…
En 2011 se ha puesto en marcha un proyecto Tremendo con mis Tremendas. Un proyecto que me llena (mucho mucho mucho) de ilusión, que me ha permitido conocer a mujeres tan llenas de energía que parecen sacadas de una serie de JJ Abrahams, probar la mejor buttercream del mundo mundial y ser un poquitito más valiente.
En 2011 me han bajado el sueldo para solucionar una crisis que no es culpa mía (ni vuestra, sino de ellos). Y ya nos han avisado de que volverá a suceder.
En 2011 he comido cocochas de merluza en el mejor lugar en el que una se las puede comer: Donosti.
En 2011 he recuperado el gusto por el cine, he visto series a go-gó, he leido libros a borbotones, he visto exposiciones maravillosas (Antonio López, gracias por existir)…
En 2011 HE VIVIDO. Y creedme, decir que una ha vivido, no es poco. Lo es TODO.
Imágenes by Dizzy Wizzy, Nader Sharaf & noemozica (Boda V&N, Boda J&MC, Boda M&L, Granada, Cazorla, Málaga, Madrid y Donosti, 2011)
Hay veces que cuesta mucho escribir de algo, porque hay que dejarlo reposar, permitir que las emociones se recoloquen, que lo que has vivido hable por sí solo, que la euforia o la impresión del momento no emborronen la experiencia… Se trata de que lo que fue, sea, y respire, y siga su curso. Y, entonces, las palabras salen solas.
Mi estancia en San Colorea fue maravillosa y, a la vez, de una dureza inusual. San Colorea es como una Tela de Araña, que te atrapa. Meterse en una casa, en la sierra de Cazorla, rodeada de desconocidas durante 10 días es, cuanto menos, una experiencia de la hostia. Si añadimos en la ecuación a dos niños, dos señoras de edad considerable, artistas como la copa de un pino, olores penetrantes (tengo un problema ENORME con los olores, porque mi olfato está hipertrofiado y lo que a la gente le huele 1, a mí me huele 100), horas eternas de costura y de encuadernación, comida estupenda, un pueblo maravilloso, buena gente, muchas horas para pensar, una hamaca en el patio y heridas que todavía no habían cicatrizado, nos encontramos con que la experiencia de la hostia se convierte, casi casi, en experiencia vital.
Recuerdo con un amor absoluto la paciencia de Carolina Leveroni para enseñarnos a coser en el Taller de Costura, la sonrisa siempre en la boca de Paqui, las artes seductoras de Vicente, la alegría de María cuando la pinté de Princesa (que es lo que era, sin duda alguna), el amor incondicional de Rosa a sus hijos, las anécdotas de su madre, las cuestas interminables, el ritmo suave y pausado, pero siempre en marcha, de Luisa y Rosario, los dibujos de Paula Bonet (fui la única que me quedé sin… Quizás así tengo excusa para volver cuando esté ella
), las casas y los árboles de Ana Bustelo, la sensación de que la gente es buena y amable porque sí, el eye liner de Anna y su acento familiar, la calma que transmitía Rocío pese a ser un manojo de nervios, la rúcula del huerto, las manos de Javi, el impacto de los parecidos, las cervezas con su tapa, los encuentros inesperados, las risas de barbacoa, el baile del 15 de agosto, las botellitas de vino mano a mano, la satisfacción de ver la labor terminada, el quebrantahuesos, el gozo de pensar que el taller de encuadernación que impartí gustó y les será útil, y tantas otras impresiones, momentos y recuerdos que es imposible glosar.
Recuerdo con más amargura la sensación de soledad absoluta que me embargó por momentos (aunque en otros, la disfruté muchísimo), el sentimiento de no pertenencia, la sensación de ser pequeñita (no es fácil estar rodeada de tanto talento), el aislamiento, la caída en el río (qué guantazo me di, madremía), las vueltas a la cabeza, los pensamientos torcidos, las tiritas en el alma y la fragilidad del corazón…
Pero todo eso fue necesario para el renacer. Para llegar a Barcelona más fuerte, curada, libre de tiritas y de lágrimas en los ojos. Para tener, de nuevo, unas ganas de escribir irrefrenables, volver a colaborar con gente, ponerme a coser como si lo hubiese hecho siempre, dibujar cosas aunque no salgan bien, decir que sí a un proyectazo chulísimo que ya está en marcha, enfrentar amistades que se iban a pique, hablar con quien ya no duele hablar, y volver a ser YO.
(Si queréis saber mi experiencia en Cazorla, y ver fotos, podéis leer mi post aquí).
Imágenes by noemozica, San Colorea & Paula Bonet
Lo único absurdo es que uno los conoce (los chistes) de memoria como los botones de su chaleco. La comicidad es un terreno acotado y hay pocos cómicos de gran cultura. (Hombre de Harina. Un cuento)
Las hojas secas caídas a tierra revolotean arremolinándose y se me acercan a rastras. Es algo extremadamente divertido y a la vez da que pensar; lo vivo da siempre mucho más que pensar que lo muerto y lo triste. (El Parque)
Fragmento del libro “Historias”, de Robert Walser.
Imágenes by noemozica (Hondarribi & Donosti, 2011)
La muerte de un ser querido te sume en un estado de irrealidad absoluta del que sólo se puede salir atravesando un dolor agudo y sostenido en el tiempo. Es un dolor que va decreciendo, pero que en realidad nunca más te abandona. Y no sólo por el hecho de haber perdido a alguien importante en tu vida, también porque, de manera irremediable, tomas conciencia, quizás por vez primera, de que la muerte existe, y a ti también te toca de cerca, incluso cuando parece respetarte.
Ocho años son muchos años, y en realidad, no es ninguno. Sigo recordándote como el primer día, y dicen que así ayudo a que sigas viva. ¡¡Y un carajo!!
Tú no estás aquí, ni nuestras noches de martini con hielo y conversaciones inacabablesen el sofá de tu casa tampoco, ni las confesiones, ni los paseos de última hora por el centro de Barcelona en busca de regalos de Reyes, o las risas tontas viendo partidos de fútbol en los que nos gustaba ser del Barça, simplemente por llevar la contraria a quien era del Espanyol.
Tú no estás, y las partidas de Trivial ya no se juegan, ni los guiñotes y las podridas de sobremesa. Porque jugarlos sin ti sería una traición tan grande que ninguno se atreve siquiera a intentarlo. Hay juegos que llevan tu nombre, para siempre.
Despedirte fue muy duro. Y dejarte ir todavía más. Porque una cosa es enterrar a alguien y otra muy diferente es hacer las paces con el mundo, aceptar que hasta aquí, que pis-pas, que lo único que nos queda es una sonrisa en la memoria, una cabellera de gitana que no lo era, y una vida juntas que, aunque demasiado corta, nos hizo hermanas aunque no lo fuésemos.
Los 9 de Octubre no deberían existir. Y tú deberías seguir riendo. Pero la vida es vida, y la muerte forma parte de ella.
Imagen by John Everett Millais (Ophelia, 1852)
Granada hay que verla y, sobre todo, hay que vivirla. Así que diré poco y acometeré la titánica tarea de intentar mostraros un piscolabis de lo que es, ya que enseñarla toda es imposible, y además innecesario. Porque si no habéis venido ya, vendréis…
Granada es, por encima de todo, la Alhambra, y sus palacios, y sus fuentes, y su belleza, y su Sierra Nevada al fondo, y los sonidos que la llenan.
Palacios Nazaríes. Las imágenes hablan por sí solas, sin necesidad de nada más.
La Alhambra es también el Palacio de Carlos V, que aunque sé que en su momento fue un pegote, a mí me chifla. Círculo perfecto de columnas regias y ventanas tamaño familiar. In love. Y una fortaleza, capaz de albergar las más grandes bellezas y simetrías en su interior. Y la Alhambra es, por supuesto, ver Granada a tus pies, y adorarla.
Detalles, uno tras otro, como en un sinfín eterno. Pasamanos de escaleras que son acequias de agua, ventanucos que no puedes dejar de mirar, gatos que parecen fundirse con el paisaje, fuentes que son arte, arcos que nunca acaban y flores perfectas que nos hacen soñar, aunque sea únicamente en blanco, sin tan siquiera negro.
Y Granada es, por supuesto, el Albaicín, y sus calles empedradas (está claro que antes no andaban en sandalias, eh??¡¡Pupita!!), y sus escaleras que nunca acaban, y sus cuestas que te dejan agujetas para unos cuantos días, y Cármenes (casas blancas, enormes y relucientes en su mayoría) que son una pasada, y una fauna humana digamos que particular, y vida, mucha vida.
De lo que más me gusta a mí son sus cañas de Cerveza Alhambra, sus tapas porque sí y su salmorejo (si alguna vez queréis hacerme FELIZ, invitadme a un buen salmorejo (o porra antequerana, que tanto monta, monta tanto), si es verano, o a unas migas caseras con tocino, morcilla y granada si es invierno). Sí, ya lo sé, comida ligerita, eh???
Una de las cosas que más me vuelven loca en el mundo son las ventanas, como supongo que ya sabréis los que seguís este blog con regularidad… Pues bien, pasen y vean, señores y señoras… ¡¡¡Granada es como un gran Museo, y yo lo he disfrutado una barbaridad!!!
El centro de Granada también tiene su qué, aunque si me dan a elegir, me quedo con todo lo anterior…
Y Granada tiene, por encima de todo, ARTE. Mucho Arte.
Imágenes by noemozica (Granada, 2011)
Se veía claramente que la primavera se había extenuado, que se había prodigado en miles de flores que estallaban por todas partes, a la redonda, y que ahora iban a adormecerse, a aplastarse lentamente bajo el doble peso de la peste y del calor. Para todos nuestros conciudadanos este cielo de verano, estas calles que palidecían bajo los matices del polvo y del tedio, tenían el mismo sentido amenazador que la centena de muertos que pesaba sobre la ciudad cada día. El sol incesante, esas horas con sabor a sueño y a vacaciones, no invitaban como antes a las fiestas del agua y de la carne. Por el contrario, sonaban a hueco en la ciudad cerrada y silenciosa. Habían perdido el reflejo dorado de las estaciones felices. El sol de la peste extinguía todo color y hacía huir toda dicha.
Fragmento del libro “La Peste”, de Albert Camus.
Hortensias Vivas by noemozica & Rosas Muertas by A. Roig
Acabo de descubrir la web 40 Días en la Cama: Por un Mundo más SLOW, y sigo debatiéndome entre el amor absoluto hacia la iniciativa y el rechazo por cuanto acción de marketing contiene…
En resumen, Camy y su chica (¿¿nombre??) deciden “meterse” durante 40 días en la cama, tomarse la vida con la calma con la que nunca se la han podido tomar, meditar, hacer la siesta cuando les apetece, cultivar su huertito orgánico urbano, dedicar tiempo a lo que les gusta, mejorar su espíritu y reunirse con gente interesante. Hasta aquí, todo muy idílico…
Cuando entran en juego las marcas y los patrocinadores, la cosa empieza a repelerme. A repelerme MUCHO. Y, encima, me parecen unos pijos de cuidado.
No obstante, no puedo dejar de estar fascinada por la iniciativa, envidiarles por todo ese tiempo y esa luz natural y esos alimentos sanos, y ese ritmo de pareja, y ese no tener nunca prisa, y esas conversaciones con gente súper interesante…
En fin, van por el día 17 y son 40, así que todavía os quedan más de la mitad para opinar vosotros mismos… Para ir al blog, pinchad aquí. ^_^
Imágenes via 40 días en la cama
Enfermamos antes de morir para poder destetarnos de nuestro cuerpo. La leche que nos nutría se vuelve aguada y amarga. Nos separamos del pecho y no s ponemos a esperar con impaciencia una vida autónoma. Sin embargo, esta primera vida, esta vida en la tierra, en el cuerpo de la tierra: ¿hay otra mejor, puede haberla? Pese a toda la tristeza, la desesperación y la cólera, no he dejado de amarla.



































