Yoga con Anna

Llevo 8 meses practicando yoga de manera regular, exceptuando las vacaciones de Navidad y Semana Santa. De octubre a marzo una vez a la semana y, desde entonces, dos días a la semana.

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Estoy muy orgullosa de mí. Pero mucho, muchísimo. No os podéis llegar a imaginar cuánto.

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Es la primera vez que aguanto esta cantidad de tiempo haciendo ejercicio de manera consistente. Las razones son varias, y destacan:

  • Mi fisio me dio un susto bastante grande la última vez que fui: mi masa muscular es muy baja y, o la aumento (especialmente en los muslos), o voy a ser una ancianita muy divertida, pero en silla de ruedas. Así que mallas on, y a sudar.
  • Voy a clase con un grupo de amigas tontacas que me hacen la vida muchísimo mejor y, la asistencia a clase, muchísimo más fácil. Porque siempre hay días que da pereza, pero como ellas van, pues yo también. Y encima, mientras estoy contorsionada y sintiéndome un elefante, no me da tanta vergüenza como si fuesen desconocidas. Las risas aseguradas también son un plus.

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  • Anna, la profe, es genial. Yo había intentado, anteriormente, hacer yoga en un par de ocasiones, y las dos veces fue un fracaso. Salía de los nervios de clase. El rollo hierbas-harecrisnas me ponía del hígado. Y en cambio, con Anna, que nos hace sudar como unas cerdas, salgo relajada y encantada. Por un lado, es una persona tranquila y sonriente, que aprieta pero no ahoga. Y por el otro, ofrece clases muy dinámicas, en las que no hay lugar para aburrirse (con respirar y no pegarme un batacazo tengo bastante), que te hacen ir siempre un poquito más allá (o intentarlo), que respetan el nivel de cada alumna. Siempre te anima a probar, pero si a ti no te apetece, o ve que no puedes o no quieres, te da alternativas más sencillas, e igualmente efectivas. Además, las clases son inglés, y como yo soy una friki, a mí eso me da rollo, me parece más divertido 😀
  • He ido notando mi evolución. Sigo sintiéndome muy frustrada a ratos, sigo resoplando como un perrete carlino a 40ºC, sigo cayéndome en determinadas posturas, sigo muy lejos de poder alcanzar otras, sigo con poquita fuerza en brazos, hombros y piernas… PERO… Mi flexibilidad ha mejorado una barbaridad, mi equilibrio es el triple del que era al empezar, me atrevo a INTENTAR cosas que antes veía y me espeluznaban, he conseguido posturas que jamás pensé que fuesen factibles para mi cuerpo serrano, y pese a la humillación/rabia/cabreo que me invade cuando me siento más un elefante que una persona haciendo yoga, sigo yendo, religiosamente. Resilencia, se llama el asunto. Y no ando yo sobrada, así que es para estar orgullosa. ¿No?

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Creo firmemente, y no me equivoco, que el yoga ha sido mi pistoletazo de salida hacia este estilo de vida saludable que estoy intentando alcanzar. Y también hacia la pérdida de peso. No tanto porque me ayude a adelgazar (que por ahí, también), sino porque también tengo la sensación que con un peso más bajo, las posturas se me resistirán menos, y porque es como que me frustra demasiado ver que tengo dolores de cadera o de rodilla, en un % elevado, debidos a mi sobrepeso (no me hago a la idea de llamarle obesidad).

Thank you, Anna!!!!!!

namaste

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2 pensamientos en “Yoga con Anna

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