DEP

Ayer, en el metro, me entró una congoja tremenda pensando en que todos nos vamos a morir. Y siempre lo vemos como algo muy lejano, pero en realidad puede suceder ahora. Mañana. En cualquier momento.

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Hace poco más de una semana que le dijimos adiós a mi tío Valeriano. Sé que va a sonar muy tópico, pero era una de las mejores personas que he conocido en toda mi vida. Era bueno. Que no tonto, bueno.

Yo lo quiero con locura (no me da la gana de hablar en pasado, porque para mí su recuerdo sigue vivo y, por tanto, en presente). Durante muchísimos años, pasé las vacaciones de verano en su casa, en un pueblecito de Castellón en el que había muy poco que hacer y mucho que imaginar (y que trastear). Y yo no era especialmente traviesa, pero era una cría en una casa de adultos, con mi tío levantándose a las 03h de la mañana para ir a currar (era regaor, y se pasaba la jornada laboral en los campos de naranjos, haciendo de maestro de ceremonias de las acequias, guiando el agua por el laberinto que funcionó durante siglos en La Plana). Y nunca oí un grito por estar liándola, nunca una mala cara, nunca una bronca por hacer ruido. Jamás. Las conversaciones con él, de uno a uno (sino desintonizaba, como decía él. Se le cruzaban las emisiones) eran una delicia. Porque hablaba y escuchaba. Escuchaba, esa acción tan poco valorada hoy en día.

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Y supongo que decirle adiós al tío ha despertado miedos y sentimientos y pensamientos que andaban por ahí. Dormidos. O adormilados, mejor dicho. O no, o simplemente es una de esas cosas que en un momento dado te cruzan la mente, y te golpean.

Pero resulta que un día no voy a poder volver a besar a Petirrojo. O abrazar a mis padres. O achuchar a Drac. O tomar una cerveza con mis amigos. O preparar la cena de Nochebuena en casa. O beberme un vaso de agua. Habrá un día en que no podré beberme un puto vaso de agua.

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Y la verdad es que el pensamiento me crea angustia, pero a la vez me resulta fácil apartarlo de la mente. Y no, no me da por ponerme a hacer rafting como una loca, porque a lo mejor mañana me muero. Pero sí me da por pensar que esa cenita que no estoy segura si ir o no por si me paso de comer o de beber, pues iré. Y que ese abrazo que no sé si dar o no por si  me paso de pesada, lo dará. Y que esos momento de felicidad máxima en el sofá, con Petirrojo a un lado y gato al otro, no me los voy a callar y los voy a gritar a los otros involucrados a voz en grito.

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Porque sí. Porque yo ahora mismo podría estar muerta.

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2 pensamientos en “DEP

  1. Pues estás tú buena pa pasar unas Navidades alegres… has arrancado diciembre bajuna, a ver si te tocan el bandjo versionando a Bernando y su «me gusta cuando bala la ovejita, los cohetes al subir hacen…»

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