MI Tom Hiddleston

Eran las 8.30h de la mañana y diluviaba en San Sebastián (uh! Menuda novedá!). Mi amigo S. y servidora cruzábamos el puente que nos tenía que llevar al Kursaal para ver la primera peli del día, The Deep Blue Sea. Dos minutos después, y un paraguas más en la papelera, llegábamos a la sala, calados hasta los huesos (puedo asegurar y aseguro que escurrí mis calcetines… las bragas no, porque quedaba feo, pero podía) y, en mi caso, con una mala hostia memorable. Aire acondicionado, a tope. Un frío muy heavy metal. Yo mojada, y la enésima peli sobre la II Guerra Mundial, en pantalla. Ganas de matar en aumento. Tanto, que ni siquiera me di cuenta del tiparraco que estaba en pantalla.

deep-blue-sea

No, la peli no me gustó.

22.30h en la parte vieja de San Sebastián.  Bragas secas, check. Calcetines secos, check. Barriga  llena de zuritos y pintxos de nuestros bares preferidos ever, check. Felicidad.

Y, de repente, un maromazo de muchos centímetros de altura frente a mí, viéndome hacer el mongo (soy yo mucho de mongolandia, mis amigos pueden dar fe). Me mira, lo miro, me pongo colorá cual tomate maduro, y se parte de risa. Servidora, en plena confusión, pienso que dónde he visto antes esa cara y ese cuerpazo… ¡Virgendelamorhermoso! Y yo desesperadita perdía, porque en aquellos tiempos vivía mi vida sin smartphone en el que mirarlo TODO en imdb… ¡Qué de sufrir! ¿Quién leches era aquel tío buenorro con el que me acababa de cruzar y que se había reído con mis mongoladas? Y S. que me dice: ¡¡pero si es el de la peli de esta mañana!!

TOM_HIDDLESTON

En un intento de olvidar mi humillación y de celebrar el encuentro (o lo que es lo mismo, haciendo lo que solemos hacer), decidimos que lo mejor es irnos a dar una vuelta y tomarnos un gin.

00.00h junto al Urumea. Enfilamos el Boulevard Zumardia camino de la Pensión, chisposetes después de no uno, sino dos gin&tonics (no somos de andar racaneando con estas cosas, eh!). Total, que si en modo sereno soy de hacer el imbécil, en estado de leve embriaguez, podéis imaginar que la cosa aumenta de manera proporcional… Y me pongo a explicarle a S. una anécdota con J., el hijo de una amiga que es mu gracioso…

Y… ¿A quién volvemos a cruzarnos justo cuando estoy haciendo un gesto de gilipollas absoluta? CORRECTO, a mi amigo Tom Hiddleston, en carne y hueso… Y ¿quién se me vuelve a quedar mirando y rompe a reír a carcajadas? ¡Pues claro, él, MI Hiddleston!

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En fin, historia tonta de lunes nublado.  E intento desesperado de que MI amigo lo vea, deje a su pivonaquer de mujer, y venga a buscarme. Porque yo sé que desde aquel día él piensa tanto en mí como yo en él. LO SÉ.

I love you too, Tom!!!

Tom-Hiddleston-bw

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Mi segundo NY

Este verano, he visitado NY por segunda vez en mi vida. 5 años después, todo seguía igual y nada era lo mismo.

Yo tenía el mismo nombre, y las calles, y los edificios, y hasta las personas a las que quizás me crucé entonces y me volví a cruzar ahora, pero todos habíamos cambiado. Nuestro cuerpo era el mismo, pero 5 años más viejo, más ajado y también más experimentado. Las calles eran iguales, pero no los  papeles que revoloteaban despreocupados por el suelo, ni los coches pasando, ni las bicicletas aparcadas. Las cicatrices de las aceras se habían ensanchado, y también las de mi corazón. Y la ilusión se había ido difuminando entre brumas mañaneras y decepciones pasajeras.

Señales de tráfico de ayer y de hoy. Junto a Central Park, ese lugar en el que el tiempo se detiene y la vida es mejor.

El NY de 2012 ha sido un NY más auténtico. Más real. Más maduro, reposado, buscado, pateado, vivido. Más neoyorquino.

Para empezar, me alojé en Astoria (Queens), con alguien que vive en la ciudad desde hace años.

Las rutinas son sagradas: despertarse en Astoria, asomarse por la ventana de la cocina, disfrutar de las vistas, arreglarse e irse a buscar el primer Iced Coffee del día… Hell, yeah!!

Cada mañana, al salir de casa, nos pillábamos un Iced Coffee en el badulaque de la esquina, y nos dirigíamos a la city. Me sentía como una más en el metro, dispuesta a comerme el día, igual que toda aquella gente vestida de traje, o con vestido y tacones, pintándose en el vagón, y cafés en mano, como yo. Era energizante, debo reconocerlo… Muy diferente de los trayectos del fin de semana, con las mismas personas, pero ahora vestidas de chándal, pantalones cortos y chancletas.

Y cuando llegaba a destino, me dedicaba a perderme, sin más. Sin demasiados planos que seguir, ni guías que consultar. Dejarme llevar por calles y más calles, por barrios a los que la mayoría de gente no llega porque de todo no da tiempo, saludar a desconocidos que, amablemente, decían hola al pasar, o contestar a piropos bienintencionados, el mejor de los cuales fue a golpe de “Good Morning, Princess”.

Cuando una consigue perderse por NY puede tener la suerte de encontrarse a ordas practicando yoga en Bryant Park a las 6 de la tarde, la nueva Green Line, o a armarios jugando a basket como si de la NBA se tratase, junto al Village.

Brooklyn, Queens y Harlem. Ciudades dentro de la ciudad.

DUMBO y Brooklyn Heighs, esos lugares en los que los hipster lo son tanto que dan ganas de reirse de ellos cuando los ves. Por favor, señores… Que en las revistas quedan ustedes muy bien, pero en persona… Ay, en persona… Williamsburg, con el mejor chuletón del condado, y la tienda de chocolates más bonita del mundo, y la mezcla de gentes y razas y edades en las calles. Y Coney Island, o el lugar más creepy & cheesy del mundo.

Williamsburgh (y el mejor baggle del mundo)

Brooklyn Heighs & Dumbo

Coney Island

Harlem, y sus cambios paulatinos, a medidas que vas subiendo, o bajando, según sea el trayecto. Y sus gentes humildes y amables. Y sus pandilleros aquí y allá. Y la sensación de ser como un faro enmedio de la noche, con todas las miradas dirigidas a la única blanca en no-sé-cuántos-km-a-la-redonda.

Harlem, donde nadie quiere llegar

Queens y su crisol de culturas. Astoria y los restaurantes mediterráneos y japoneses e índios e italianos y hasta típicamente americanos. Y sus jardines al estilo griego. Chinatown y sus malas olores, y sus comidas deliciosas, y sus tiendas únicas.

Chinatown y Astoria (Queens)

Y Manhattan. Siempre Manhattan.

NY, gracias por existir, y por mantenerte alejada de mí. No creo que te sobreviviese, pero qué inmensa eres.

Egon Schiele en Bilbao

Ahora mismo, me caeis tirando a mal la gente de Bilbao, alrededores, y visitantes ocasionales en los próximos tres meses. Así os lo digo, sin tapujos y a bocajarro.

Jooooooooooooooooolín, retrospectiva (qué digo retrospectiva… ¡¡RETROSPECTIVACA!!) de Schiele, uno de mis top 10 in the world, en el Guggenheim de Bilbao.

¡¡Afortunados!! ¡¡Que sois unos afortunados que dais rabia!! ¡¡No os la perdáis, por favor de los favores!! Que ver las maravillas que pintó este hombre en directo, es una de esas experiencias que ningún amante del arte debería dejar de vivir, por lo menos, una vez en la vida. Yo he tenido la suerte de visitar Viena y sus museos y, creedme, la fuerza de la obra de Schiele es abrumadora (como también lo es, para mí, la de Hoppper, ante cuyos cuadros he llorado, López, Pollock, Millet o Vermeer).

Cerca de 100 obras entre dibujos, gouaches y acuarelas. Un recorrido por la vida artística del pintor austríaco que convirtió lo feo en bonito, lo sexual en erótico, lo erótico en normal y lo histriónico en realidad. ¡¡Viva el expresionismo austríaco de Egon Schiele!! ¡¡Viva!!

Y por cierto… ¡¡Quiero ese Catálogo!! ¡¡Qué pintaca!! Y con ensayo del director de la Albertina… ¡¡Aish!!

Imágenes by Egon Schiele

Mi primer NY

NY es tan inabarcable que harían falta mil y un post para empezar a explicar lo que es. Yo he estado allí dos veces, y las sensaciones, las impresiones, las opiniones y hasta las fotografías son radicalmente diferentes, en barrios alejados entre sí, con calles que, en ocasiones, no parecen (quizás porque no son) el mismo lugar.

Mi primer NY tuvo lugar en 2007, de la mano de mi pareja de por aquellos entonces lejanos, alojados en un Hostal de mala muerte de Manhattan, un calor intenso y húmedo, una ilusión desbordada en mi primer contacto con los USA y una juventud y fuerza que no son las de ahora.

Mi primer NY se compuso de lugares comunes, esos que todos hemos visto en películas, cuadros, series y fotografías, de taxis amarillos y alcantarillas humeantes, de caminar hasta caer rendidos, de besarnos en Central Park y en el Empire State Building, de cumplir sueños, de cruzar el Puente de Brooklyn a pie y de recorrernos la 5a Avenida de cabo a rabo.

Mi primer NY fue muy de turisteo. Me encantó y me horrorizó a partes iguales, y volvería a hacerlo todo exactamente igual. Porque ser turista en NY es (casi) ser uno más. Puedes sentir el estrés, el correr, el agobio, el no ver el cielo ni el mar. La vorágine y la náusea de notar que estás al límite. Y la alegría inmersa de reconocer cada esquina de una ciudad que nunca habías pisado.

(Como nota curiosa y manera de evidenciar mi penosa situación económica: conservo y luzco habitualmente todas y cada una de las prendas que llevé a ese viaje, hace ya cinco años -excepto los zapatos, que están ya todos destrozados y en la basura-… Y no, mi armario no ha visto entrar más de 15 prendas nuevas en el tiempo que va de allí a aquí. Ay)

Imágenes by noemozica (NY, 2007: Estatua de la Libertad desde el Ferry a Staten Island, Times Square, Chrysler Building, Manhattan & Brooklyn Bridge, Dean & Deluca, Pollock en el MOMA, Estatua Homenaje a los obreros que construyeron los rascacielos de Manhattan, la sede central de Playboy y Wall Street)

Mi Oregon

Os dije que Portland me había decepcionado, pero Oregon me había entusiasmado, y así fue.

Cannon Beach Village & Cannon Beach

Tiene de todo, playa y montaña, y árboles tan altos que parece que uno no les ve el final, y montañas y lagos y ríos, y pueblos cuquísimos, y rocas grandiosísimas en el medio del mar…

Cannon Beach & Haystack Rock

Oregon tiene un halo de magia, con toda esa niebla que desaparece en cuanto brilla el sol, y esos bosques que parecen dibujados, de lo perfectos que son, y ese Océano Pacífico tan gris que parece que te va a devorar.

 

The Mount Hood & the Mirror Lake

La verdad es que es como que te invita a pasear, a hacer montañismo, a calzarte unas buenas botas de montaña y adentrarte en sus entrañas, en su frondosidad y en su encanto… Y claro, si el premio es llegar a ese lago  y mojarte los pinreles… ¡¡Es que no puedes resistirte!!

The Mount Hood & the Mirror Lake
Imágenes by noemozica

Mi Porland

Sigo con la crónica de mi periplo por el norte de los Estados Unidos.

Oregon me fascinó, pero Portland me desencantó. Así os lo digo y así os lo cuento. Porque yo me esperaba una cosa, y me encontré con otra… Y claro, cuando hay expectativas de por medio, el tema puede acabar mu malamente.

Que a ver, que ni tan mal… Que Portland, una ciudad como otra cualquiera de los USA. Pero eso, y nada más. O yo no supe encontrar lo que buscaba (tiendas artesanales, pequeñitas y cuquis), o es que nos tienen que contar la verdad, que no nos engañen…  Porque sí, tiene el barrio de The Pearl todo lleno de galerías de arte y de tiendas (de cadena) carísimas, y el Saturday Market todo lleno de hippies bastante pasados de vueltas (y de algunas cosas rebonicas, también hay que decirlo), pero poco más… Todo ese tejido artesanal, moderno, cuqui y original que yo esperaba, nanai…

Eso sí, tiene edificios bonitos, un aire postindustrial muy guapo, barrios en los que se intuye muy buena vida y (dicen, porque yo vi mu pocas) gente conduciendo bicicletas a cascoporro…

Pero Portland está poblada de gente muy de pose y muy maricona-quiero-que-sepas-que-soy-maricona-forrada-de-pasta y muy de levantar la nariz y mirarte por encima del hombro, y de ser más trendy que los trendys y más repuestos que lo más puestos y mu hipsters y mu tontos… Y luego tenemos a los hippies pasadísimos de vueltas, las hordas de homeless y los alérgicos a la ducha. Y también habrá normales, digo yo, pero a esos no los vi.

Eso sí, sólo por comerme los donuts del Voodoo Doughnut que me comí, ya valió la pena la visita. AsíN os lo digo.

De Oregon os cuento la semana que viene, que se merece un post para él solito… 🙂

 

Mis ciudades gemelas: Minneapolis & St. Paul

Minneapolis ha sido para mí mi remanso de paz.

Una paz hecha de agua (minne en dakota) y de ciudad (polis en griego) tranquila y respetuosa.

Una paz que sentía cada mañana al levantarme, a las 06.30h, para ir a correr alrededor del Lake of the Isles o del Calhoun, que me permitió olvidarme de todos y de todo y que hizo que dibujase por primera vez en muchísimos años, sentada con un buen café al lado viendo la vida pasar.

Una paz a la que C. y J. contribuyeron infinitamente con su generosidad, su cariño y su paciencia. Gracias y mil veces gracias.

Una paz que resultó en yo, quien viste y calza, conduciendo una bici por primera vez en mi vida. Y toñándomela a lo grande. Pero me levanté y volví a subirme, luciendo morados y heridas de guerra.

Una paz regada con Summit y Olivettos, iluminada con puentes en el horizonte y un río Mississippi majestuoso y rotundo, siempre presente, aderezada con tiendas de cómics como las de las películas, animada con un partido de los Twins contra los Detroit Tigers (¡¡ganaron!! soy talismán) y con una State Fair a la que le dedicaré un post competo, y adornada con mil y un detalles que cuando pasas unas pocas semanas afloran a la superficie, como también lo hacen la amabilidad de los minnesotos, sus pectorales sudados y apetecibles, su educación infinita y su extrema cortesía (dicen que son DUMBS, yo digo que son un ENCANTO).

Y bueno… Saint Paul no está mal, pero no es lo mismo… Es más aburrida, más muerta, menos mía. Eso sí, si alguna vez vais, no dejéis de comer en el Mickeys, un diner original donde la mantequilla se cocina con lo que sea (sí, el orden de la frase es correcto), el olor a bacon se te mete en el alma y la sonrisa al probar su comida es infinita.

No, ahora en serio, lo de los pectorales al aire de éstos suecos reconvertidos en yankees, altos como torres, delgados como plumas y con barbas de lo más trendy, no tiene nombre… Me enamoré de tantos y de ninguno…

Imágenes by noemozica (Minneapolis & Saint Paul, MN, Agosto 2012)

Un GRAN día

Hay días en los que te levantas por la mañana sin saber las magníficas sorpresas con las que te vas a ir topando a lo largo de las horas.

Inocente, tomas el primer café con los ojos entreabiertos, nunca entrecerrados, y la mente adormecida. Saboreas tu tostada con mermelada casera, te duchas, te vistes y caminas hasta el trabajo con la alegría que da poder no meterse en un vagón maloliente de metro para llegar a donde te diriges. Trabajas, te ríes con los compañeros, comes, te ríes un poco más, y sigues trabajando hasta que el reloj dice que no más. Y entonces sales, vuelves a caminar, y empieza EL DÍA. Ahora sí, de verdad.

Decides que vas a ir caminando desde Palau Reial a Gracia, porque tienes tiempo de sobra, poco dinero en el bolsillo y ganas de disfrutar de una ciudad que, aunque en muchas cosas te cabree, es preciosa. Y caminas, café en mano, y sonríes. Porque lo de caminar da eso, una sonrisa de oreja a oreja y ganas de ver hasta lo que no tienes delante.

Y entonces aparece. Una galería que sabes que está ahí pero que no recuerdas y en la que nunca antes habías depositado demasiado tus ojos. Y las ves. Ves unas esculturas preciosas, rabiosamente contemporáneas, y a la vez tremendamente clásicas. Y piensas si son de Antonio López, o de Juan Muñoz, pero rápidamente deduces que no. Buscas un nombre, y lo encuentras: José Manuel Belmonte Cortés. Y entras en la Berger Gallery, atraída por un imán que no sabes de dónde tira, pero que tira… Buah… ¡¡Espectacular!! No eres mucho de escultura, pero de verdad que lo que este hombre hace es impresionante. Notas cada músculo, cada piel, cada textura, cada tela, cada arruga. Te estremeces. Sabes que te acaba de pasar algo especial, y vuelves a sonreír.

Sigues caminando, sonrisa en la boca y buenrollismo en el corazón, y entras en el Habitat. Encuentras las copas de martini que llevabas siglos buscando y que estaban descatalogadas, y vuelves a sonreír. Y ya no te acuerdas de que en el FNAC no tenían la Popshot Magazine que andas buscando. ¡¡Mecachis!!

Y llega el plato fuerte del día: la presentación de Rapuncel (Iratxe López de Munáin) en Casa Anita. Sencillamente deliciosa. Vuelves a tener la sensación de encontrarte en un cuento, en uno de ésos en los que el fueron felices para siempre ni se cuestiona. Y así es. Palabras bonitas, historias preciosas, ilustraciones de ensueño, trenzas de canela y dedicatorias que son tuyas y de nadie más.

GRACIAS por este día (La banda sonora no podía ser otra…)

Imágenes by noemozica (Donosti, Madrid y Granada, 2011), Archivo e Iratxe López de Munáin

U-S-A

Me hallo ante un dilema existencial de proporciones titánicas. La vida, en ocasiones, es taaaaaaaaaaaaaaan dura que me planteo si merece la pena seguir luchando… ¡¡Qué sinvivir, por dios, qué sinvivir más malo!! Ji ji ji

Sí, esa es noemozica culturizándose (Foto by VA, 2009) y el Manhattan Bridge (Foto by noemozica, 2007)

Pos resulta que en agosto me voy los USA. Yeeeeeeeeeeeeeeeeeah!! Billetes comprados… Del 01 al 26 de Agosto, la menda lerenda hablará inglés por los codos, desayunará en Dean & Deluca cuando pueda, paseará a orillas del Lago Calhoun y comerá hamburguesas a cascoporro, y sin medida. La idea es estar unos días en Nueva York, en casa de súper A. (East West End, bitches!! ¡¡En pleno Manhattan!!), y el resto del tiempo pasarlo haciendo nada, vagueando, descubriendo y rebuscando en Minneapolis, disfrutando de la compañía de mi hermano C. y mi cuñada J.

El Chrysler Building de NY, mi preferido… Un Dean de Deluca (veiais Felicity, ¿¿no??) en el Village y el escaparate de Tiffany’s con una Audrey un tanto desmejorada… (Fotos by noemozica, 2007)

¡¡Qué ganas tengo de levantarme por la mañana, sin prisa, calzarme las runners, salir de casa, parar a por un coffee to go, e irme hasta las zonas de los lagos para pasear-correr a buen ritmo y, de colofón, pegarme un bañito. Buahhhhhhhhh… Lo pienso, y me nublo de emoción.

Diferentes vistas del Downtown de Minneapolis, reflejadas en la ventana del Guthrie Theater, y el Lago Calhoun, esperando mi llegada… (Fotos by noemozica, 2009)

Pero aquí viene el dilema… “Me se” ha propuesto una escapada de 3-4 días, a mi entera elección, a elegir entre los siguientes lugares (por orden alfabético): Madison County, Montreal (Canadá), Portland, San Francisco & Seattle… ¿¿¿Vosotros qué elegiríais??? Heeeeeeeeeeeeeelp, pleaseeeeeeeeeeeeeeeee!!

 

En orden: Un puente en Madison County, los skylines de Montreal, Portland y Seattle y el Golden Gate Bridge de San Francisco (Imágenes de archivo)

Fukutabis

Siempre lo digo, y supongo que me repito, pero es que ¡¡es una verdad como un templo!! Hay gente por el mundo con mucho arte… Y alguna de esta gente se convierte en ídolos de masas y fenómenos bloggiles y otra no. Y no acabo de saber por qué, pero paso de entrar en polémicas… ¡¡Que luego siempre caen collejas!! 😀

Txell es de las que hace cosas chachis sin montar demasiado ruido… Sus Fukutabis molan un montón, ¿o no? A mí me hace muchísima gracia que de simples calcetines, aparezcan personajillos así de molones y de viajeros… ^_^

Y, además, publica unos posts la mar de majos sobre señales de tráfico, bicicletas y temas varios del mobiliario urbano…

Fotos by Txell Huguet